El anillo del Dios olvidado

Māṇikā Gaudunī, una humilde vendedora de suero de leche, dio de beber sin dudar a dos jinetes sedientos junto al lago Cīlikā, sin saber que eran Jagannātha y Balabhadra disfrazados. Ellos le dejaron un anillo como garantía de pago. Cuando el rey Puruṣottama Deva vio el anillo, comprendió que el Señor había marchado al frente de su ejército y le había concedido la victoria. En agradecimiento, el rey regaló a Māṇikā una aldea, hoy conocida como Māṇikapaṭna. La historia enseña que el Señor reconoce y recompensa la bondad sincera y desinteresada, incluso cuando quien la practica no es consciente de estar sirviéndole.